No quiero saber nada de tu mierda amarilla.
No quiero que me expliques, que me cuentes,
que trates de venderme tus verdades.
No me importa saber si lo de ustedes
son éxitos o fracasos
virtudes o defectos
eficiencia o despilfarro
porque ustedes ya son,
ante todo,
lo que son.
No quiero saber nada de tu mierda amarilla
porque ustedes vienen a destruir todo
porque durante años me señalaste.
Te llenaste la boca de basura,
de mentiras.
Te importó un carajo saber lo que decías,
comprobarlo,
demostrarlo.
Te burlaste de nuestro pasado,
nuestras historias,
nuestros ideales,
nuestra acción política.
Te sentaste en tu torre de marfil
a meditar,
criticar,
reflexionar,
denigrar lo que hacíamos:
las plazas, los estómagos, las cabezas,
todos bien llenos
sin siquiera salir a mirar por tu ventana.
No quiero saber nada de tu mierda amarilla.
No quiero ni sentarme a escuchar lo que tengas
para decirme,
porque ustedes no escucharon.
No quiero ni tratar de entenderte
porque ustedes nos odian,
porque ustedes siempre nos odiaron
y porque, ante todo,
se odian a sí mismos.
¿Cómo van a amar al otro si no aman?
Y nosotros caímos en tu buzón del odio
y nos convertimos, también, en odiantes,
y fuimos derrotados por el odio
y eso vamos a ser
en adelante.
No quiero saber nada de tu mierda amarilla.
Porque para vos
era el choripán y el vino
¿Acaso no comés chori,
no tomás vino?
¿Qué comen ustedes?
Reservate la respuesta,
no me interesa saberlo.
domingo, enero 31
viernes, enero 29
Expectativas
Espero con el piso reluciente
tu lujo así, formal, despreocupado,
tu estilo de zorzal, o de sirena,
que enciende mi deseo, dulce, calmo.
Espero, de a poquito, paso a paso,
el andar lento, tibio, de tus notas,
tu cuerpo donde leo los misterios
de sueños inconclusos por cumplirse.
Espero ansioso, tenso, encandilado,
el ritmo de tu cruel iniciativa
la amalgama de nada entrelazada
el éxtasis brutal de tu renuncia.
Espero, por supuesto, a su momento,
eventual devenir de las pulsiones
la razón que recobra su terreno
y volver a esperarte
nuevamente.
tu lujo así, formal, despreocupado,
tu estilo de zorzal, o de sirena,
que enciende mi deseo, dulce, calmo.
Espero, de a poquito, paso a paso,
el andar lento, tibio, de tus notas,
tu cuerpo donde leo los misterios
de sueños inconclusos por cumplirse.
Espero ansioso, tenso, encandilado,
el ritmo de tu cruel iniciativa
la amalgama de nada entrelazada
el éxtasis brutal de tu renuncia.
Espero, por supuesto, a su momento,
eventual devenir de las pulsiones
la razón que recobra su terreno
y volver a esperarte
nuevamente.
lunes, enero 25
Inercia
Pateo mi ciudad
El tiempo trajo consigo su guadaña
Un poco, al menos.
con esa inercia,
castigo mi trabajo
sin apuro,
hace rato (claro)
que no encuentro
mi lugar, mi leitmotif,
mis convicciones.
Rodeo mi futuro
de certezas
cuando gané (y perdí)
me confundí.
No tengo más destino: soy un yenga
que se cayó hace mucho,
desarmado,
para no enfrentar más
cavilaciones.
Y entonces venís Vos
rara,
loca,
ángel,
genia y puta,
ritual y misterio,
artista,
ansiosa.
Y entonces venís Vos
encendés mis sentidos,
retorcés,
me devolvés algo de una deuda
que pensé, hace mucho,
abandonada;
que asumí, hace rato,
fracasada.
Pero, ¡ay! de que pienses
que algo vuela
que otro día
que algún sueño
que uno cambia.
El tiempo trajo consigo su guadaña
los proyectos se mataron en el ring
funesto, cruel estadio, mi baluarte,
queda ahí mi vida, desalmada,
fiel a su principio básico:
seguir.
Y así y todo no deja
Y así y todo no deja
de ser genial.
Un poco, al menos.
domingo, enero 17
No te imagines
Imaginate pleno de sentido
en tu locura fría y castigada.
Imaginate dulce y alevosa
haciendo de tu brillo una vanguardia.
¿Cuántas horas tendrá tu devenir?
¿Cuánto le deberemos al azar?
¿Echaremos de menos, algún día,
aquella, la terrible Soledad,
para amargar (tal vez)
nuestra alegría?
Imaginate duro de locura
con tu sentido hirviendo y castigado.
Imaginate fría y vanguardista
brillando, dulcemente,
y alevosa.
en tu locura fría y castigada.
Imaginate dulce y alevosa
haciendo de tu brillo una vanguardia.
¿Cuántas horas tendrá tu devenir?
¿Cuánto le deberemos al azar?
¿Echaremos de menos, algún día,
aquella, la terrible Soledad,
para amargar (tal vez)
nuestra alegría?
Imaginate duro de locura
con tu sentido hirviendo y castigado.
Imaginate fría y vanguardista
brillando, dulcemente,
y alevosa.
Acostándome
Y es hora de que sepas, ya que estamos,
que al terminar el día (si volvemos)
lo único que queda, bueno o malo,
para llevar al lecho
es:
El trabajo bien hecho y satisfecho,
los sueños del futuro a cuentagotas,
los proyectos donde no nos embarcamos,
las ganas de escribir, o de llorar,
la ansiedad de la persiana por cerrarse,
la extrañeza del terrible "pudo ser",
el frío de la cama sin tu sexo,
el tibio corazón arrepentido,
el peso del dinero bien ganado,
las putas ilusiones fracasadas,
las ganas de luchar, como si nada,
la rebeldía loca del amante
con el dolor atroz de lo pasado.
Y el sueño azul se funde, te condena,
te entrega a tus más quietas realidades
y amanece, por fin, un nuevo día,
que vas a disfrutar atentamente.
Que te va a atormentar/
alegremente.
que al terminar el día (si volvemos)
lo único que queda, bueno o malo,
para llevar al lecho
es:
El trabajo bien hecho y satisfecho,
los sueños del futuro a cuentagotas,
los proyectos donde no nos embarcamos,
las ganas de escribir, o de llorar,
la ansiedad de la persiana por cerrarse,
la extrañeza del terrible "pudo ser",
el frío de la cama sin tu sexo,
el tibio corazón arrepentido,
el peso del dinero bien ganado,
las putas ilusiones fracasadas,
las ganas de luchar, como si nada,
la rebeldía loca del amante
con el dolor atroz de lo pasado.
Y el sueño azul se funde, te condena,
te entrega a tus más quietas realidades
y amanece, por fin, un nuevo día,
que vas a disfrutar atentamente.
Que te va a atormentar/
alegremente.
lunes, enero 11
Capitulación
Tarde o temprano
me voy a rendir.
Me van a derrotar mis viejos demonios
las mañanas de resaca
las sábanas frías
las charlas irrelevantes
(o irreverentes)
el patetismo de lo cotidiano.
Me voy a cansar de tu ambigüedad
de tus sonrisas fabricadas
de las discusiones bizantinas
(¿o salomónicas?)
de mi insistir desesperado
de tu incentivar vacío
de imaginarme, todo, todo,
todo el tiempo;
de que todo parezca, siempre,
pero nunca sea.
Me voy a acostumbrar
a que para Vos yo no exista,
o si existo, no sea importante,
porque es lo que suele pasar.
Me voy a acostumbrar
a tomar las cosas como lo que son,
a no imaginarme,
ni apasionarme,
ni ilusionarme;
a que los besos y las caricias se rifan
a que los cuerpos se prestan y se alquilan,
a que el amor es un amuleto cuando no está
un Grial cuando se promete
y un martirio cuando, por fin, lo tenemos;
y que, como casi todo,
al final del día sirve nada más para mostrarlo.
Me voy a arrepentir de tener siempre
tanto miedo,
de no animarme
(¿a qué?)
de quererme tanto a mí mismo
(o tan poco)
de no saber, en fin,
por dónde pasa mi puto Deseo
y de que, en general,
me importe tan poco.
Me voy a resignar a que siempre sea así:
ningún amor es correspondido,
toda rutina es martirio,
toda pasión se extingue,
todo trabajo es extenuante,
toda ilusión es mentira,
a Vos siempre te importa un carajo,
la voluntad popular es ingenua,
el mejor esfuerzo es el ajeno,
el peor dolor es el propio,
la magia, en realidad, no existe,
y, por más de que trate,
nunca, absolutamente nunca,
me voy a poder dar por satisfecho.
Me vas a romper las pelotas Vos
así como me las rompió Ella
porque siempre, ¿no? termina siendo así.
Tarde o temprano
me voy a rendir.
Y entonces no sé qué voy a hacer.
Supongo que lo mismo de siempre.
me voy a rendir.
Me van a derrotar mis viejos demonios
las mañanas de resaca
las sábanas frías
las charlas irrelevantes
(o irreverentes)
el patetismo de lo cotidiano.
Me voy a cansar de tu ambigüedad
de tus sonrisas fabricadas
de las discusiones bizantinas
(¿o salomónicas?)
de mi insistir desesperado
de tu incentivar vacío
de imaginarme, todo, todo,
todo el tiempo;
de que todo parezca, siempre,
pero nunca sea.
Me voy a acostumbrar
a que para Vos yo no exista,
o si existo, no sea importante,
porque es lo que suele pasar.
Me voy a acostumbrar
a tomar las cosas como lo que son,
a no imaginarme,
ni apasionarme,
ni ilusionarme;
a que los besos y las caricias se rifan
a que los cuerpos se prestan y se alquilan,
a que el amor es un amuleto cuando no está
un Grial cuando se promete
y un martirio cuando, por fin, lo tenemos;
y que, como casi todo,
al final del día sirve nada más para mostrarlo.
Me voy a arrepentir de tener siempre
tanto miedo,
de no animarme
(¿a qué?)
de quererme tanto a mí mismo
(o tan poco)
de no saber, en fin,
por dónde pasa mi puto Deseo
y de que, en general,
me importe tan poco.
Me voy a resignar a que siempre sea así:
ningún amor es correspondido,
toda rutina es martirio,
toda pasión se extingue,
todo trabajo es extenuante,
toda ilusión es mentira,
a Vos siempre te importa un carajo,
la voluntad popular es ingenua,
el mejor esfuerzo es el ajeno,
el peor dolor es el propio,
la magia, en realidad, no existe,
y, por más de que trate,
nunca, absolutamente nunca,
me voy a poder dar por satisfecho.
Me vas a romper las pelotas Vos
así como me las rompió Ella
porque siempre, ¿no? termina siendo así.
Tarde o temprano
me voy a rendir.
Y entonces no sé qué voy a hacer.
Supongo que lo mismo de siempre.
martes, enero 5
Súbito
Vuela tu mente, ave frágil,
bien, bien lejos,
donde ya no sea,
donde ya no duela,
donde ya no importe.
Enciende tu deseo,
solo, libre.
Arde en el fuego tu lujuria,
invade, se contorsiona,
convulsiva
loca, sórdida,
sublime.
Aprende eso,
remite a otra cosa
que quizás no sea.
Conquista tus sentidos
uno por uno,
fluye en tus humores,
chorrea,
te condiciona,
te somete,
te gana
y no te importa.
Tu cuerpo:
una marioneta,
un autómata
un esclavo
sumiso, obediente,
dominado.
Busca, persigue,
desesperado,
en piloto automático.
Encuentra (o no),
no ríe, no llora,
no le importa.
Umbrales,
éxtasis;
más luego
todo se consume
y el deseo también vuela.
Huye, para siempre,
para no volver
o, al menos,
volver siendo otra cosa.
Y nosotros, también, volvemos
al imperio de las cosas corrientes.
Satisfechos. O no.
Pero no arrepentidos.
bien, bien lejos,
donde ya no sea,
donde ya no duela,
donde ya no importe.
Enciende tu deseo,
solo, libre.
Arde en el fuego tu lujuria,
invade, se contorsiona,
convulsiva
loca, sórdida,
sublime.
Aprende eso,
remite a otra cosa
que quizás no sea.
Conquista tus sentidos
uno por uno,
fluye en tus humores,
chorrea,
te condiciona,
te somete,
te gana
y no te importa.
Tu cuerpo:
una marioneta,
un autómata
un esclavo
sumiso, obediente,
dominado.
Busca, persigue,
desesperado,
en piloto automático.
Encuentra (o no),
no ríe, no llora,
no le importa.
Umbrales,
éxtasis;
más luego
todo se consume
y el deseo también vuela.
Huye, para siempre,
para no volver
o, al menos,
volver siendo otra cosa.
Y nosotros, también, volvemos
al imperio de las cosas corrientes.
Satisfechos. O no.
Pero no arrepentidos.
jueves, diciembre 31
30 de diciembre
Se apagaron doscientas luces.
Así, de golpe.
Doscientas luces jóvenes
que iluminaban de porvenir.
¿Qué hubiesen sido ustedes?
Obreros,
soldados,
militantes,
doctores,
cartoneros,
huérfanos,
viudos.
Lo cierto es que ese día
les robaron la oportunidad.
Se apagaron doscientas luces
inconsolables.
Doscientas velas que ardían
de sueños, deseos y lucha.
Algunos dijeron:
alta tensión,
irresponsabilidad,
media sombra,
corrupción,
música diabólica,
jóvenes peligrosos,
negros de mierda,
drogadictos.
Yo les digo
(aunque, ¡ay! ya no escuchan)
que los poderes de siempre se dieron una panzada,
el banquete caníbal donde el plato maestro del Chef
eran ustedes.
¡Vigilen bien a estos jóvenes!
Porque vivos o muertos,
con el dolor para los que quedan
hoy somos muchos más
y no nos vamos a someter
nunca.
Así, de golpe.
Doscientas luces jóvenes
que iluminaban de porvenir.
¿Qué hubiesen sido ustedes?
Obreros,
soldados,
militantes,
doctores,
cartoneros,
huérfanos,
viudos.
Lo cierto es que ese día
les robaron la oportunidad.
Se apagaron doscientas luces
inconsolables.
Doscientas velas que ardían
de sueños, deseos y lucha.
Algunos dijeron:
alta tensión,
irresponsabilidad,
media sombra,
corrupción,
música diabólica,
jóvenes peligrosos,
negros de mierda,
drogadictos.
Yo les digo
(aunque, ¡ay! ya no escuchan)
que los poderes de siempre se dieron una panzada,
el banquete caníbal donde el plato maestro del Chef
eran ustedes.
¡Vigilen bien a estos jóvenes!
Porque vivos o muertos,
con el dolor para los que quedan
hoy somos muchos más
y no nos vamos a someter
nunca.
martes, diciembre 29
Aislamiento
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero sentir esa inmensa soledad
que aterra, ahuyenta, recuerda al vacío,
convida a la muerte,
belleza turbia, blanda, ilógica,
esa nada que azota como un viento impiadoso.
que te conquista poco a poco,
que se lleva todas tus ilusiones,
tus proyectos,
hasta que no queda más que un vos ceniciento.
Quizás, iluminación.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero experimentar lo que es estar
bien solo,
ante la luna tímida detrás de los edificios de una noche de verano.
Quiero no tener a quién acudir,
sobre quién desparramar mi dolor,
a quién contar mis pequeños logros cotidianos,
en quién apostar mi futuro.
Cara a cara, cabeza y pared,
para luchar con los fantasmas de todos los días,
sin importarme, esta vez, que gane o pierda.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero desgarrarme de dolor
acordándome de Ella.
de lo poco solo que estaba,
de lo bien y mal que la pasé.
De lo que esperé y quise,
lo que no fue,
de lo que no sé si alguna vez existió.
De lo que en realidad no era Ella
sino Yo solo,
y una "ella" cualquiera, recreada.
Quiero que no haya consuelo,
para ver si de algún lugar
algo surge.
Quiero volver a sentir Eso
que hace tanto que no pasa
que no sé si sentí alguna vez.
Aunque, supongo, lo sentí.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero sufrir como la carne se desarma
pensando en Vos.
Quiero preguntarme por qué carajo Vos no pasaste.
Una, y otra, y otra vez,
hasta que duela menos.
Quiero pensar sobre las cosas que te pasan por la cabeza.
Quiero especular con cada uno de tus movimientos sutiles.
Quiero atormentarme con mis buenas o malas decisiones
que, al fin y al cabo,
fueron las mías, y no las tuyas.
Quiero pensar que Vos eras la única esperanza,
la salida, la epifanía,
aunque sé que es mentira
porque Vos sos como Yo.
Quiero creer que con Vos las cosas hubiesen sido distintas.
Quiero extrañar para siempre lo que no fuimos.
Quiero imaginarme lo que hubiésemos sido,
revolver mil veces los porqués,
repensar los pros y contras de lo que devino,
para concluir
que lo único que es es lo que fue.
Y soñar con empezar de nuevo.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero exterminar mis pasiones por un rato
para ver si, quizás, aparece el Deseo.
Pero no pasa.
Quiero tratar de descubrir qué mierda significa estar vivo,
aunque probablemente no lo logre.
Pero, ojo,
eso no significa que no valga la pena.
Quiero de una vez por todas descubrir qué significa estar loco,
porque lo quiero entender y no lo entiendo
y, en el fondo,
sé que no lo voy a entender nunca.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero que hoy, de a poco, deje de ser hoy
para que acontezca un "mañana",
porque eso, es lo único que tengo.
Porque eso, es lo mejor que tengo.
quiero aislarme.
Quiero sentir esa inmensa soledad
que aterra, ahuyenta, recuerda al vacío,
convida a la muerte,
belleza turbia, blanda, ilógica,
esa nada que azota como un viento impiadoso.
que te conquista poco a poco,
que se lleva todas tus ilusiones,
tus proyectos,
hasta que no queda más que un vos ceniciento.
Quizás, iluminación.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero experimentar lo que es estar
bien solo,
ante la luna tímida detrás de los edificios de una noche de verano.
Quiero no tener a quién acudir,
sobre quién desparramar mi dolor,
a quién contar mis pequeños logros cotidianos,
en quién apostar mi futuro.
Cara a cara, cabeza y pared,
para luchar con los fantasmas de todos los días,
sin importarme, esta vez, que gane o pierda.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero desgarrarme de dolor
acordándome de Ella.
de lo poco solo que estaba,
de lo bien y mal que la pasé.
De lo que esperé y quise,
lo que no fue,
de lo que no sé si alguna vez existió.
De lo que en realidad no era Ella
sino Yo solo,
y una "ella" cualquiera, recreada.
Quiero que no haya consuelo,
para ver si de algún lugar
algo surge.
Quiero volver a sentir Eso
que hace tanto que no pasa
que no sé si sentí alguna vez.
Aunque, supongo, lo sentí.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero sufrir como la carne se desarma
pensando en Vos.
Quiero preguntarme por qué carajo Vos no pasaste.
Una, y otra, y otra vez,
hasta que duela menos.
Quiero pensar sobre las cosas que te pasan por la cabeza.
Quiero especular con cada uno de tus movimientos sutiles.
Quiero atormentarme con mis buenas o malas decisiones
que, al fin y al cabo,
fueron las mías, y no las tuyas.
Quiero pensar que Vos eras la única esperanza,
la salida, la epifanía,
aunque sé que es mentira
porque Vos sos como Yo.
Quiero creer que con Vos las cosas hubiesen sido distintas.
Quiero extrañar para siempre lo que no fuimos.
Quiero imaginarme lo que hubiésemos sido,
revolver mil veces los porqués,
repensar los pros y contras de lo que devino,
para concluir
que lo único que es es lo que fue.
Y soñar con empezar de nuevo.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero exterminar mis pasiones por un rato
para ver si, quizás, aparece el Deseo.
Pero no pasa.
Quiero tratar de descubrir qué mierda significa estar vivo,
aunque probablemente no lo logre.
Pero, ojo,
eso no significa que no valga la pena.
Quiero de una vez por todas descubrir qué significa estar loco,
porque lo quiero entender y no lo entiendo
y, en el fondo,
sé que no lo voy a entender nunca.
Hoy no quiero conectarme,
quiero aislarme.
Quiero que hoy, de a poco, deje de ser hoy
para que acontezca un "mañana",
porque eso, es lo único que tengo.
Porque eso, es lo mejor que tengo.
sábado, diciembre 26
Gustavo y Gerónimo, entrañables amigos, una vez más tomando cerveza sobre una mesa que se parece más a un ring de boxeo que a cualquier otra cosa. Surge, inevitablemente, el tema de Ella. Por más que el tiempo pase Gerónimo no la olvida, y parecería por momentos que su fantasma se vuelve cada vez más y más fuerte.
—¿Qué voy a hacer con todo ese dolor? Vivo para percibirlo, palatearlo, envolverme, nadar en él. No la quiero olvidar, sus gestos, su olor, su cuerpo; no quiero que la vida pase como si Ella nunca hubiese existido, abandonar su memoria en otras Ellas... mejores o peores. Porque con Ella se va algo mío, algo que tiene y tendría que haberse quedado para siempre.
Gustavo lo miraba con intriga, casi atónito. No estaba del todo sobrio, pero decididamente había tomado muchísimo menos que en casi cualquier otra ocasión. El estado que experimentaba se asemejaba más, quizás, al de una claridad intelectual de epifanía en la que las ideas fluían puras desde su cabeza sin trabas, sin asco.
—No te creo. Te escucho y no te creo nada. Me parece que detrás de esa devoción hacia tu dolor no se esconde otra cosa que miedo, un miedo terrible a experimentar, a sentir y sufrir. Y tengo las pelotas por el piso de que todos, vos y yo por lo menos, vivamos a la sombra de ese miedo todo el tiempo. No nos deja hacer nada. No luchamos ni defendemos lo que creemos justo por miedo a caer en el error, no amamos por miedo al dolor que nos trae, no nos comunicamos por miedo al daño que los otros nos pueden generar. Nos escondemos detrás de las pantallas, nos entregamos al dolor vacío, nos consumimos en una especie de deseo estéril del que fingimos hacernos carne y parte.
"Y yo, desde ahora y por decisión puramente personal, no voy a dejar que este miedo me domine. No voy a seguir viviendo entregado a esta condena ¿Duele? ¿Qué duele: el desengaño, la soledad, la libertad? ¡Entonces me haré cargo de ese dolor! Porque es mío, y de nadie más. Pero, ¡hay de que el miedo me vaya a detener! ¡Hay de que me vaya impedir correr los riesgos que corren aquellos que persiguen lo que sueñan! ¡Hay de que deje de buscar el amor enajenado en esta dictadura del miedo!
"Y, mientras tanto, hay que seguir dando vueltas a la ruleta rusa del deseo.
Enfrente, Gerónimo. A través de los cristales de sus anteojos se escondían dos ojos castaños radiantes, furiosos, encerrados entre dos pares de pestañas que amenazaban con escaprse de ese rostro y volar, volar muy lejos, hacia esos etéreos castillos de cristal que constituían toda su fortuna.
—¿Qué voy a hacer con todo ese dolor? Vivo para percibirlo, palatearlo, envolverme, nadar en él. No la quiero olvidar, sus gestos, su olor, su cuerpo; no quiero que la vida pase como si Ella nunca hubiese existido, abandonar su memoria en otras Ellas... mejores o peores. Porque con Ella se va algo mío, algo que tiene y tendría que haberse quedado para siempre.
Gustavo lo miraba con intriga, casi atónito. No estaba del todo sobrio, pero decididamente había tomado muchísimo menos que en casi cualquier otra ocasión. El estado que experimentaba se asemejaba más, quizás, al de una claridad intelectual de epifanía en la que las ideas fluían puras desde su cabeza sin trabas, sin asco.
—No te creo. Te escucho y no te creo nada. Me parece que detrás de esa devoción hacia tu dolor no se esconde otra cosa que miedo, un miedo terrible a experimentar, a sentir y sufrir. Y tengo las pelotas por el piso de que todos, vos y yo por lo menos, vivamos a la sombra de ese miedo todo el tiempo. No nos deja hacer nada. No luchamos ni defendemos lo que creemos justo por miedo a caer en el error, no amamos por miedo al dolor que nos trae, no nos comunicamos por miedo al daño que los otros nos pueden generar. Nos escondemos detrás de las pantallas, nos entregamos al dolor vacío, nos consumimos en una especie de deseo estéril del que fingimos hacernos carne y parte.
"Y yo, desde ahora y por decisión puramente personal, no voy a dejar que este miedo me domine. No voy a seguir viviendo entregado a esta condena ¿Duele? ¿Qué duele: el desengaño, la soledad, la libertad? ¡Entonces me haré cargo de ese dolor! Porque es mío, y de nadie más. Pero, ¡hay de que el miedo me vaya a detener! ¡Hay de que me vaya impedir correr los riesgos que corren aquellos que persiguen lo que sueñan! ¡Hay de que deje de buscar el amor enajenado en esta dictadura del miedo!
"Y, mientras tanto, hay que seguir dando vueltas a la ruleta rusa del deseo.
Enfrente, Gerónimo. A través de los cristales de sus anteojos se escondían dos ojos castaños radiantes, furiosos, encerrados entre dos pares de pestañas que amenazaban con escaprse de ese rostro y volar, volar muy lejos, hacia esos etéreos castillos de cristal que constituían toda su fortuna.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
