domingo, diciembre 20

Pandora

Habrá que pedirle a Pandora
que abra esta caja
que nos haga los regalos
más monstruosos del mundo
hermosos, terribles,
insolentes, mezquinos,
pasionales,
absurdos.

El monstruo del Amor
y sus epopeyas
su canto de sirena
o de gorgona
su perdición eterna
la mejor,
la absoluta.

El monstruo del Miedo
y su cachiporra
castigando a los que sueñan
y no duermen,
a los que ganan
y no pierden
su cordura.

El monstruo del Dolor
y sus lecciones
maestro implacable,
creador de acertijos,
torturador profesional,
inolvidable,
gratamente.

El monstruo de la Duda
y sus tormentas
azotando lo que somos
o creímos ser
al fin y al cabo,
la Duda es la madre
de las certezas.

¿Cuál será la próxima caja?
¿Qué corazón abrirá
sus misterios
sus pasiones
sus sospechas?
¿Quién tendrá el coraje
para abrirla
o, por lo menos,
mirar a través de la hendija
de su tapa entrecerrada?

Habrá que pedirle a Pandora
que libere a los monstruos
más graciosos del mundo.
Sin ellos nuestros días
pierden sabor, estilo.
Sin ellos nuestra novela
pierde sentido.
Ellos son el faro que señala
nuestro destino,
sea el que fuere.

lunes, diciembre 14

Lecciones

Pese a todo, aprendemos algunas cosas.

Aprendí que las historias no se cierran
que los cabos se dejan sueltos
que los destinos quedan inconclusos
aunque el universo de lo posible
me aterra.

Aprendí que los consuelos no se escatiman
que la soledad asusta,
enternece, ilumina,
coquetea,
alimenta algo
que no sé qué es, pero,
sin eso, me muero.

Aprendí que el tiempo no se pierde
(¿se transforma?)
que el dolor no se presta
ni se alquila
que lo que no te mata no te hace más fuerte,
a lo sumo,
te recuerda que estás vivo.

Aprendí que el humor te salva
(sí, hasta en los peores momentos)
y el amor te pierde
o te salva, no sé,
en realidad
amar es lo que te salva.

El resto es irrelevante.

viernes, diciembre 11

Desamor

¿Y si todo fue mentira?
Vos pensás que sólo vos dolés
dirás "hijo de puta"
"traidor"
lo dirás muchas veces
Vos pensás que sólo vos sufrís
pero,
¿Qué hay de las veces que me humillabas?
¿que me escupías?
¿que le huías a mi piel?
¿que te escabullías en tus pequeñeces
y me abandonabas a mi soledad?
¿que te desarmabas y yo,
desesperado,
insólito,
tratando inútilmente de recomponerte?
¿que me reprochabas?
Sí, todo, absolutamente todo
¿Qué esperabas de mí?

Y todo, para vos, se curaba tan fácil
una sola palabra: amor
tan fácil
tan frecuente
tan fútil
tan sencilla
amor... ¡cuánto te gustaba decirla!
en tu boca
tan mentira
¿Y si todo fue mentira?

¿Qué me queda?
¿Quién salió ganando
en esta repartición de dolores?

lunes, noviembre 9

A la mierda con las fotos, las cartas, las caricias, los muñecos, el tiempo, los besos, los bares, las pelis, la memoria, los viejos, los almuerzos, el sexo, las tristezas, las alegrías, los viajes, el sufrimiento, los tiempos, los cuerpos, los proyectos, los olores, los colores, los dolores, los conceptos, las charlas, las cenas, el cine, las historias.
A la mierda con todo.
Y que siga la música...

domingo, noviembre 1

Desequilibrio


No sé quién sos,
aunque me encantaría.
No sé cómo llegaste hasta acá,
y sé que me importa muy poco.
No entiendo qué carajo te pasa por la cabeza,
pero sé que tengo prohibido descubrirlo.
No sé cuál es el olor de tu piel
y de eso sí que me muero de ganas.

¿Estás cerrada?
¿Por hoy? ¿Para siempre?
¿Estás de oferta? Sé que no;
pero cuando pase, por favor avisame.
Con anticipación.

Posible final


Cuando todo termina
queda apenas un anhelo
la gracia de lo que fue
las ganas de lo que pudo ser
¿quién nos quita lo bailado?

Cuando todo termina
nos asalta un remordimiento
leve, fugaz, pero al fin
real como lo que es
o, mejor, ¿pudimos haber sido?

Cuando todo termina
nos queda una pregunta
o una culpa, un gusto a nada,
una idea atornillada
a duras penas
con fuerza de obrero,
o de soldado,
¿valió la pena?

miércoles, octubre 28

Vísperas

Hasta ayer instalaron confesiones
y ofertas en el living de mi alma /
tomaría una caña pero hay veda
de paciencia pronósticos y alcohol

he de reflexionar porque mañana
deberé elegir como un daltónico
entre todas las flores del pincel
entre los buitres y los heminópteros
entre la salamandra y el tatú

creo que finalmente votaré
por la sabia orientación de las aves
por la benevolencia de la lluvia
y el sentido de humor de los delfines

votaré / si me dejan / por la suerte
por los tímidos pechos que se esconden
y los pechos alegres que convocan
por las huellas del solo y también por
las ovejitas negras y por la mosca blanca
por los indios de chiapas y por juan veintitrés

y después de pesar los pros y contras
votaré por la vuelta de mambrú
por el río de heráclito
y la trucha de schubert
votaré por melchor y alí babá
por venus y espartaco

y una vez concluido el escrutinio
fruto de leyes bulas providencias y ardides
democráticamente acataré
el fiel caleidoscopio
de mis nuevas y queridas derrotas.


Mario Benedetti. Tristezas y Alegrías, 1994

domingo, julio 26

—¡Santa Madonna! ¿Por qué gritan estos locos? ¿De qué se asustan? ¿No comprenden todavía que este mundo es un bochinche desde que Adán y Eva le hicieron a Dios aquella porquería en el Paraíso?

Regresaba luego a su cuartito, encendía su lámpara de querosén, y puesta de codos en su mesa temblequeante hojeaba la Biblia de letras gordas y papel amarillento que había traído de Italia y salvado heroicamente de todos los desastres, junto con aquella estampa de Nuestra Señora de Loreto que presidía su cabecera y aún conservaba su marco aldeano de latón. Con la mirada turbia y a favor del silencio nocturno, Cloto leía en el Viejo Testamento la paciencia de Dios y la locura de los hombres: historias de amor y odio, virtudes admirables y vicios tremendos, alegrías patriarcales y llantos de miseria, terremotos y diluvios, pestes y masacres desfilaban ante sus ojos, como las figuras cinematográficas que había visto cierta vez en el «Rívoli» de la calle Triunvirato gracias a una invitación de doña Carmen, la española del fondo. Pensando en esas cosas la vieja cerraba lentamente aquel libro temible, y se decía que sin duda el mundo siempre había sido un batifondo, y que lo seguiría siendo hasta el Juicio Final, aunque se desgañitasen los oradores de las esquinas. Por otra parte (y su convicción era cada vez más profunda), la vida se deslizaba como un sueño y se resolvía en un desfile de imágenes tan poco duraderas, que no sabía uno si reír o llorar. Entonces Cloto recapitulaba la suya: su niñez dura y alegre, ¡oh, sí!, en el terruño del Piemonte; su casamiento en la iglesia montañosa. Y de pronto aquel extraño viaje marítimo: un tirón brutal que los arrancaba de la tierra y los había dejado a todos con las raíces en el viento (¡Santa Madonna!. ¿Por qué y para qué?) Su desembarco en Buenos Aires y sus cuarenta y cinco años de fajina con aquellos hijos rebeldes (¡malas cabezas, los pobres!), ella lavando ropa de sol a sol, su viejo encanecido en los andamios. Después la muerte o la dispersión de todos: carnes y gestos que uno amaba, que dolían y que se le escaparon de entre los dedos, así, tan fácilmente como un puñado de arena. ¡Sí, todo como un sueño! La vieja Cloto ya no tenía lágrimas que llorar, y su escepticismo frente a lo mudable de las cosas le inspiraba un gesto reservado que no era indiferencia sino recelo y acaso sabiduría. Pero alguna visión alcanzaba ella de lo inmutable, y era cuando, al finalizar la misa de alba, se acercaba lentamente al comulgatorio de San Bernardo: le parecía entonces que no bien el oficiante levantaba la hostia blanca se desvanecía en torno suyo toda penuria y contradicción, y que algo eterno andaba por allí, algo que había sido, era y sería siempre igual a sí mismo.

Leopoldo Marechal, en Adán Buenosayres, 1948

lunes, noviembre 17

-No, no

Dijo de vuelta.

Ya el alcohol estaba haciendo efecto sobre su retorcida cabeza. Las ideas fluían como a través de un tobogán. Las palabras se amontonaban para salir todas juntas, bien rápido. Se mezclaban entre los dientes, chapoteaban sobre la lengua, saltaban y seguían saltando, cada vez más, cada vez más nuevas.

-Te digo que no. Que la pregunta no es si Dios existe o no existe. La pregunta es qué carajo nos importa a nosotros. En qué cambiaríamos nuestros pensamientos. Qué cosas dejaríamos de hacer, y cuáles seguiríamos haciendo ¿Seríamos todos buenos? ¿No nos cansaríamos, a la larga, de todo esto, y haríamos la guerra contra Dios? Si así fuese, ¿nos iríamos al infierno? ¿Le tendríamos miedo al infierno? ¿Tendríamos el coraje de preguntarle a Dios: "Para qué"? ¿Venderíamos nuestra humanidad para ganar esa paz? Y, entonces... ¿quién es Dios? ¿Algo así como un rey magnífico, un guerrero insaciable, un dictador caprichoso, un viejo sabio, un líder carismático, un buen o mal padre, un administrador de bienes?

Todos se callaron. Odiaban, un poco, cuando Gerónimo se ponía así. Lo detestaban porque lo que decía les dolía en lo más hondo.

-Yo agradezco no saber si existe o no. Porque la incertidumbre nos hace más libres. Pero si tuviésemos la certeza, de una cosa o la otra... creo que perderíamos la poca humanidad que nos queda.

Noche cerrada, de verano. Afuera los zorzales empezaban a cantar. El cielo se aclaraba lentamente. Se tornaba de negro en violáceo, después en azul profundo. En un par de horas ya sería un nuevo día.

miércoles, octubre 29

La enorme satisfacción de, finalmente, quemar esas cartas.

Y a partir de ahora sí...

¡Que viva el amor!